Cual monarca observando su reino, el majestuoso castillo de Edimburgo preside la capital escocesa desde lo alto de la escarpada colina volcánica Castle Rock.

Esta fortaleza, situada en el extremo oeste de la Royal Mile y de la Old Town, conserva el protagonismo que ha tenido a lo largo de los siglos: su interior ha visto nacer y morir reyes escocesessido escenario de crudas batallas, presenciado invasiones y asedios, articulado la vida en la ciudad, sufrido destrozos y reconstrucciones, servido como cárcel y arsenal militar…

¿Nos acompañas a visitar el castillo de Edimburgo? Hoy queremos enseñártelo de una forma menos convencional: ¡a través de diez de las curiosidades que cobija!

Ruta por los escenarios de Outlander en Edimburgo castillo

Visitar el Castillo de Edimburgo

Hoy en día, el Castillo es la atracción de pago más visitada de Escocia y uno de los principales reclamos turísticos de Edimburgo, y, como tal, también uno de los más caros. Aquí puedes ver y reservar las entradas. Las opiniones están divididas; hay quienes prefieren pasar de largo, ya que la mayoría de museos del interior de la fortaleza son militares.

¿Merece la pena visitar el castillo de Edimburgo? Para nosotros, sí, aunque reconocemos que la primera visita no nos impresionó tanto como las siguientes, cuando ya conocíamos un poco más sobre la historia escocesa y pudimos ir encajando las piezas y contextualizando la información.

Si solo dispones de un día en Edimburgo, puedes prescindir de entrar, pero, si tienes dos o tres días y te gusta la historia, es un recorrido fascinante: disfrutarás paseando entre las baterías y edificios y descubriendo cómo parte de los episodios escoceses e ingleses se forjó alrededor de los muros. Las vistas desde arriba, además, ¡son espléndidas! Si viajas a Edimburgo en otoño, puedes aprovechar para visitarlo el día de St Andrews, cuando la entrada es gratuita.

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1. El espionaje de la realeza del siglo XV se llamaba Laird’s Lugs

Aunque no tan sofisticadas como las historias de espionaje que salpican las noticias hoy en día, en el siglo XV los monarcas ya contaban con técnicas efectivas para aguzar el oído y recabar información.

En el castillo de Edimburgo, al rey Jacobo IV no se le escapaba nada gracias a las Laird’s Lugs (Lord’s ears, es decir, «las orejas del rey»), una pequeña apertura en la pared de piedra que comunicaba con el Gran Salón del Castillo y le permitía escuchar, sin ser visto, las conversaciones que allí tenían lugar durante las reuniones importantes.

Cuentan que siglos después, cuando el ex presidente soviético Mikhail Gorbachev preparaba su visita al Castillo en 1984, el KGB pidió que los Laird’s Lugs se tapiaran por razones de seguridad.

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2. Todos los días a la 13:00 se dispara el cañón One o’clock Gun

Si estás paseando por Edimburgo y de repente te sorprende un estruendo, lo más probable es que sea el One o’clock Gun, un cañón emplazado en el Castillo que se dispara todos los días del año, excepto los domingos, el día de Navidad y Viernes Santo, a la una en punto. ¡El sonido retumba por toda la ciudad!

El origen se remonta a 1852, cuando en Calton Hill, en el monumento a Nelson, se instaló una bola del tiempo que caía a diario a la 13:00 para que, al verla desde las aguas del fiordo de Forth, los marineros ajustaran los cronómetros.

Sin embargo, en Edimburgo es muy típica la niebla procedente del mar (haar), que impedía la visibilidad muchos días. Así que, en 1861, para acompañar la señal visual de Calton Hill, comenzó a dispararse el One o’clock gun, todo un clásico edimburgués que puedes presenciar en directo en el Castillo.

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3. Las mascotas de los soldados tienen su propio cementerio

Uno de los rincones más curiosos de la fortaleza es el cementerio de mascotas, una pequeña terraza ajardinada y repleta de pequeñas tumbas que puedes contemplar desde arriba.

Se creó en 1840 para que los soldados pudieran enterrar a sus mascotas, en especial perros, en las épocas en las que el Castillo estaba aislado del exterior. En Escocia solo existe otro cementerio de estas características, que se encuentra en Fort George, cerca de Inverness.

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4. Aunque la estrella fue un elefante aficionado a la cerveza

En 1838, el regimiento nº 78 de Highlanders regresó de Ceylán (Sri Lanka) con un animal singular en latitudes escocesas: ¡un elefante!

Incluso hasta principios del siglo XX, era habitual que en las guerras se aprovechara la fortaleza de esos animales con propósitos militares. Lo curioso es que, después de adoptarlo como mascota y de enseñarle a desfilar al frente del regimiento, decidieron que viviera en el castillo de Edimburgo con ellos.

Además, si preguntas a los guías del Castillo, te contarán que el elefante y su cuidador acudían a la cantina, tragaban litros y litros cerveza y luego se echaban a dormir en los establos. Tomar una pinta con un elefante, ¡el plan de un día cualquiera en Edimburgo!

De esta historia han sobrevivido tan solo un boceto que dibujó un vecino de Edimburgo, con el elefante y el regimiento seguidos por un grupo de niños; y unos cuantos dedos del animal, ambos expuestos en el National War Museum, dentro del Castillo.

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5. La capilla de St Margaret es el edificio más antiguo de Edimburgo

La capilla de Santa Margarita se construyó alrededor de 1130, y no tan solo es el edificio más antiguo del Castillo, sino también una de las estructuras más ancianas de la ciudad. Cuando no acoge bautizos o bodas, puedes entrar en la pequeña nave y disfrutar de unos instantes de paz.

Santa Margarita se convirtió en la reina de Escocia en 1070, tras su boda con el rey Malcom III. Era una mujer muy devota, y si visitas la ciudad y la abadía de Dunfermline, donde reposan sus restos, podrás trazar su obras e historia.

Años después de su muerte, su hijo, el rey David I, decidió alzar la Capilla de Santa Margarita en el castillo de Edimburgo en honor a la reina. Con los años cayó en el descuido, la estructura sufrió daños y se olvidó, aunque en el siglo XIX se restauró. A las partes originales de estilo románico, como el arco, se le han sumado otros detalles modernos, como las cristaleras.

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6. Prohibido el paso a estudiantes supersticiosos

Como a toda fortaleza con siglos de historia a sus espaldas, al castillo de Edimburgo no le falta una buena colección de leyendas estremecedoras, como la del Gaitero Solitario que merodea por los túneles sin encontrar nunca la salida.

También hay lugar para supersticiones. Una de las más conocidas advierte a los estudiantes de la ciudad de que, si cruzan las puertas del Castillo antes de graduarse, tendrán mala suerte en los exámenes.

Si estás estudiando en Edimburgo y no visitas el Castillo, seguro que no es por superstición, sino por el precio de la entrada. Pero, por si acaso, también dicen que frotar el dedo del pie de la estatua de Hume, en la Royal Mile, trae buena suerte en los estudios. Así que, si quieres equilibrar la balanza, en cuanto salgas del Castillo hazle una visita a Hume; ¡seguro que la combinación de historia y sabiduría no falla!

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7. La Piedra del destino ha protagonizado coronaciones, chantajes y hurtos

Unos de las piezas clave que alberga el castillo de Edimburgo son los Honores de Escocia (la corona, el cetro y la espada del estado), las joyas que se utilizaban para coronar a los reyes escoceses. Junto a ellas se expone, en el Royal Palace, la Piedra del destino, o Piedra de Scone, considerada una reliquia de gran simbolismo.

Durante siglos, la piedra presenció la coronación de los monarcas de Escocia, hasta que, en 1296, el rey inglés Edward I la incorporó a su trono, iniciando así una afrenta política entre ingleses y escoceses por su control. Algunas historias aseguran que, en esa época, la Piedra del destino se ocultó y se intercambió por otra, algo posible si tienes en cuenta que en realidad es, a pesar de su valor simbólico, tan solo un bloque de piedra arenisca.

Verídico o no, lo cierto es que siguió protagonizando peripecias. El día de Navidad de 1950, cuatro estudiantes escoceses irrumpieron en la abadía londinense de Westminster y robaron la codiciada piedra para devolverla a Escocia, con la mala suerte de que, mientras la trasladaban, cayó y se partió en dos. Tras varias andanzas por el Reino Unido, finalmente la depositaron en la abadía de Arbroath bajo la custodia de la iglesia escocesa, que la retornó a Westminster. A este insólito episodio se dedicó incluso una película, Stone of Destiny.

Los escoceses tuvieron que esperar hasta 1996 para que, en un gesto conciliador del gobierno inglés, la Piedra de Scone regresara a su tierra. Hoy en día puedes verla en el Castillo: solo lo abandonará el día en el que se corone un monarca en la abadía de Westminster.

10 curiosidades sobre el castillo de Edimburgo

Los Honores de Escocia y la Piedra del destino. © Edinburgh Castle

8. Cientos de supuestas brujas murieron quemadas en la explanada

Desde 1563 hasta 1722, se estima que en el lugar que hoy ocupa la explanda del Castillo se quemó a más de 200 personas por brujería, en especial mujeres.

Edimburgo fue la ciudad con más ejecuciones por brujería de Escocia: la mayoría de supuestas brujas morían estranguladas antes de que las quemaran en la hoguera en Castlehill. En recuerdo, en un rincón de la explanada se instaló el Witches’ Well (El pozo de las brujas), una pequeña fuente cuyas figuras grabadas simbolizan la dualidad entre el bien y el mal.

9. Aquí nació el primer rey de escoceses e ingleses

El 19 de junio de 1566, la célebre y polémica reina escocesa Mary Queen of Scots (María Estuardo) dio a luz a su único hijo en una de las habitaciones del Castillo. Un año más tarde, Mary fue encarcelada y obligada a abdicar en favor de Jacobo VI, que con un año fue proclamado rey de Escocia.

En 1603, se dio la circunstancia de que la última Tudor, Isabel I, murió sin descendencia. Dado que Jacobo descendía del rey Enrique VII de Inglaterra a través de Margarita Tudor, se le proclamó entonces rey de Inglaterra e Irlanda. Así fue como, durante 22 años, Jacobo VI y I rigió Escocia, Inglaterra e Irlanda. A partir de entonces, los monarcas comenzaron a reinar de manera conjunta en todos los territorios.

A pesar de que por el Castillo han pasado varios monarcas, la mayoría ha vivido en el palacio de Holyrood, en el otro extremo de la Royal Mile, donde todavía hoy se aloja la familia real cuando visita Edimburgo. La residencia es menos elevada, menos fría y no está tan azotada por el viento como la roca del Castillo.

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10. Desde lo alto del Castillo, puedes ver todo Edimburgo

Lo sé, esta última no es una curiosidad como tal. Pero no le haría justicia al castillo de Edimburgo si no terminara el artículo con estas preciosas vistas de la ciudad (sin duda, es uno de los mejores miradores de Edimburgo)… ¿Y tú, las has disfrutado ya?  ¿Mereció la pena visitar el Castillo?

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Visitar el Castillo de Edimburgo

  • Edinburgh Castle | Castlehill, Edinburgh EH1 2NG
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  • Duración de la visita: unas 2 o 3 horas (o tanto tiempo como quieras)
  • ¿Visitarás más de una fortaleza? El castillo está incluido en la tarjeta turística Explorer Pass
  • Muchas áreas son accesibles en silla de ruedas, aunque no las Joyas de la Corona ni la capilla de St Margaret. Hay vehículos disponibles para sortear los desniveles e inclinación del Castillo.

El Castillo de Edimburgo no tiene pérdida: sube andando por la Royal Mile y lo encontrarás en el extremo oeste (solo tiene acceso por esa ladera).