A unos 30 km al norte de Edimburgo, en el corazón del reino de Fife, te espera una ciudad con profundas raíces en la historia de Escocia: Dunfermline.

Las ruinas de su abadía medieval albergan un mausoleo de monarcas escoceses donde reposa el cuerpo, aunque sin corazón, del querido rey Robert the Bruce.

¿Te apetece descubrir la que alguna vez fue capital de Escocia y viajar atrás en los siglos? Hoy te contamos qué ver en Dunfermline, ¡una excursión perfecta desde Edimburgo!

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Qué ver en Dunfermline en un día

Para llegar a Dunfermline desde Edimburgo, tienes dos opciones:

  • En tren. El trayecto dura 30 minutos. Verás que hay dos paradas: Dunfermline Town y Dunfermline Queen Margaret. Lo mejor es que bajes en Dunfermline Town, ya que está mucho más cerca del centro, a unos 10 minutos a pie.
  • En bus. El trayecto se hace en los buses de Stagecoach y dura 1 hora. La estación de buses de Dunfermline, como verás en el mapa, es muy céntrica y se encuentra a apenas 5 minutos de la abadía.
  • Puedes calcular el precio y ver los horarios actualizados en Traveline Scotland.

La Abadía de Dunfermline

¡Bienvenido a Dunfermline! Te proponemos comenzar a explorar la ciudad por su corazón histórico: la Dunfermline Abbey.

La abadía de Dunfermline se remonta a 1128. Fue entonces cuando el monarca David I elevó a la categoría de abadía el pequeño monasterio benedictino que su madre, Santa Margarita de Escocia, había fundado en 1070 en el enclave donde ella y el rey Malcolm III se casaron.

Un pequeño asentamiento, los cimientos de la ciudad que conocemos hoy en día, había ido creciendo alrededor del monasterio

Bajo el reinado de Malcolm III y Santa Margarita, Dunfermline se convirtió en la capital del reino de Escocia, un estatus que mantuvo hasta 1437.

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David I encargó la construcción de una majestuosa iglesia para la nueva abadía de Dunfermline, la Old Church.

Aunque solo nos han llegado algunos vestigios, como la nave, se trata de una construcción preciosa de estilo románico. Pasea entre sus delicadas columnas y contágiate de la paz del lugar.

Pronto notarás que, aunque desde el exterior todo parece un mismo edificio, el interior está formado por dos iglesias distintas:

  • La Old Church, donde te encuentras, es la iglesia medieval. Forma parte de la atracción histórica y, para visitarla, tendrás que comprar la entrada a la Abadía y el palacio de Dunfermline (incluida en la tarjeta Explorer Pass, si la tienes). Abre todo el año, con horarios reducidos en invierno. Tienes toda la información en la web de Historic Scotland.
  • La New Church es una iglesia posterior, construida en el siglo XIX sobre parte de la antigua iglesia, en la que hoy en día se ofician misas y bodas. Tiene entrada gratuita y allí es donde descansa el rey Robert the Bruce, aunque no está siempre abierta. Por ejemplo, en invierno cierra entre semana. Consulta los horarios en esta web.
La abadía de Dunfermline en el cine. Si has visto la película Outlaw King (2018), sobre Robert the Bruce, seguro que reconocerás la abadía como uno de sus escenarios. Aquí tienes otras películas rodadas en Escocia.

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Alrededor de ambas iglesias, además de un cementerio, distinguirás pequeñas partes de una muralla que salpican el recinto de la Dunfermline Abbey.

Este muro cumplía una doble función: aseguraba que los monjes estuvieran recluidos por completo y, a la vez, servía para defender la abadía de cualquier ataque.

El palacio de Dunfermline

Para seguir explorando el recinto de la abadía, te proponemos dar un salto en el tiempo y trasladarnos a finales del siglo XVI, tras la reforma protestante.

Junto al antiguo claustro, el rey Jacobo VI decidió construir un palacio en el que vivir con su esposa, la reina Ana de Dinamarca.

En 1600, su hijo, el rey Carlos I, nació en el palacio de Dunfermline. Era imposible preverlo, pero Carlos I sería el último rey nacido en Escocia.

Tres años más tarde, en 1603, Jacobo VI fue proclamado rey de Inglaterra en lo que se conoce como The Union of Crowns (la unión de las coronas), y la familia real abandonó la Abadía de Dunfermline, condenándola a un progresivo deterioro.

Pocos vestigios de aquel esplendor han perdurado hasta nuestros días, en parte debido a un terrible incendio que arrasó la ciudad en 1624, pero todavía puedes caminar entre las ruinas del palacio e imaginar cómo debió ser en otros siglos.

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La tumba de Robert the Bruce

Uno de los reclamos de la Abadía de Dunfermline es que es hogar de un mausoleo donde descansan algunos de los grandes reyes de Escocia, como Santa Margarita y su hijo, David I.

Y, el que sin duda resulta el nombre más emblemático, el rey Robert the Bruce, uno de los héroes del país, cuya tumba puedes visitar dentro de la New Church.

¿Quién fue Robert the Bruce?

Robert the Bruce, o Roberto I de Escocia (1274 – 1329), es uno de los personajes más relevantes y queridos de la historia de Escocia.

Su papel en defensa de la libertad del pueblo escocés se remonta a la primera Guerra de Independencia de Escocia, que comenzó en 1296 con la invasión inglesa por parte de las tropas del rey Eduardo I de Inglaterra.

Tras años de batallas, revueltas y negociaciones de manos de personajes históricos como William Wallace y Andrew de Moray, quienes lucharon por la independencia, parecía que Escocia había caído, finalmente, en manos inglesas.

La situación empeoró tras la captura y la ejecución de William Wallace en 1305, pero Robert the Bruce, que durante un tiempo se había mantenido aparentemente favorable y dispuesto a negociar con el rey Eduardo I de Inglaterra, se levantó finalmente en su contra y comenzó una nueva campaña, coronándose rey de los escoceses en la Abadía de Scone al año siguiente.

Tras una derrota, una breve huida y unos años de relativa paz, en especial después de que el rey Eduardo I muriera en 1307, Bruce emprendió de nuevo las batallas y consiguió victorias esenciales,  como la de la Batalla de Bannockburn, en 1314.

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A pesar de que los escoceses habían retomado en gran parte el control de su territorio, el sucesor del rey inglés, Eduardo II, se resistía a reconocer la independencia de Escocia.

Así que, en 1320, los condes y nobles escoceses decidieron escribir una carta al Papa Juan XXII proclamando Escocia estado independiente y soberano. Se conoce como la Declaración de Arbroath y se dice que sirvió de influencia, décadas más tarde, para redactar la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.

En el Museo Nacional de Escocia puedes leer la traducción de uno de sus párrafos más famosos:

«As long as but a hundred of us remain alive, never will we on any conditions be brought under English rule. It is in truth not for glory, nor riches, nor honours that we are fighting, but for freedom – for that alone, which no honest man gives up but with life itself.»
«Mientras cien de nosotros sobrevivamos, jamás nos someterán al dominio inglés. En realidad, no luchamos por la gloria, ni por las riquezas, ni por el honor; luchamos por la libertad, tan solo por ella, a la que que ningún hombre honesto renuncia si no es junto con su propia vida».

La atención del Papa y la muerte de Eduardo II propiciaron que, en 1328, el rey Eduardo III accediera a firmar un tratado mediante el cual reconocía la independencia de Escocia, y a Robert the Bruce como a su rey.

Este es un resumen brevísimo y hemos omitido infinidad de hitos históricos, pero, si te gusta el tema, en internet puedes devorar muchísima información sobre ambas Guerras de Independencia.

La tumba de Robert the Bruce… pero no de su corazón

Como monarca, el rey Robert the Bruce se ocupó, cuando la Abadía de Dunfermline fue parcialmente destruida por las tropas inglesas, de la reconstrucción.

Tras su muerte, en 1329, el rey fue enterrado en el altar de la iglesia de la abadía… aunque no por completo.

Cuenta la historia que, por expreso deseo, embalsamaron su corazón y se lo llevaron hacia la Tierra Santa.

Existen muchas leyendas en torno al viaje y a las peripecias a las que se enfrentaron los portadores del corazón, que según algunos acabaron en España.

Pero todas coinciden en algo: el corazón de Robert the Bruce se mandó de vuelta a Escocia y hoy en día reposa en la abadía de Melrose, en los Borders. Curiosa historia, ¿verdad?

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El parque de Pittencrieff

Tras visitar la abadía de Dunfermline, ¿te apetece un paseo entre naturaleza? Muy cerca se extiende el precioso parque de Pittencrieff.

El ciudadano más célebre de Dunfermline es el magnate Andrew Carnagie. Siendo niño, a mediados del siglo XIX, emigró con sus padres a Estados Unidos, donde escaló rápidamente gracias a la industria del acero y amasó una de las mayores fortunas de todos los tiempos.

Parte del dinero lo destinó a la filantropía y a la educación, y no se olvidó de Dunfermline, su ciudad natal, a la cual obsequió con una biblioteca, unos baños públicos y un teatro.

Y, lo más significativo, el Pittencrieff Park, un parque de 3 km2 que se extiende junto a la abadía en la parte occidental de la localidad.

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El parque de Pittencrieff, conocido por los lugareños como The Glen, está repleto de tramos arbolados, pequeños puentes de piedra que cruzan el riachuelo Tower Burn, senderos, jardines y zonas abiertas.

Además, puedes acercarte a las ruinas de la torre de Malcon Canmore, construida alrededor de 1070.

Nosotros lo visitamos en invierno, cuando estaba helado, y caminar por los bosques era casi como adentrarte en un cuento, dominado por el silencio y por un paisaje frondoso y dormido. Además, ¡nunca habíamos visto a tantas ardillas juntas!

Si visitas el parque a finales de agosto, no te pierdas The Bruce Festival, un festival que allí se celebra en honor al rey Robert the Bruce con una feria medieval, batallas y actuaciones artísticas.

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Otros lugares que visitar en Dunfermline

El pasado de Dunfermline, antaño capital de Escocia, bulle en cada rincón de la ciudad. Uno de los mejores lugares para explorar la historia más allá de la abadía es el museo The Abbot House, situado en la casa más antigua de Dunfermline (Nota: por desgracia, en estos momentos el museo está cerrado. Esperan reabrirlo en 2019 o 2020.)

Para completar un día en Dunfermline, también puedes visitar gratis el museo de Andrew Carnagie, que la ciudad dedica a uno de sus hijos predilectos en su lugar de nacimiento en una humilde casa de tejedores.

Otra opción es adentrarte en la cueva de Santa Margarita, un rincón al que la reina acudía a rezar siglos y siglos atrás. Por aquel entonces, el entorno era verde; hoy en día, encontrarás el túnel que conduce a la cueva en un aparcamiento urbano.

Si te sobra tiempo, puedes terminar la jornada en el Kingsgate Shopping Centre, un enorme centro comercial situado en High Street, la calle principal de la ciudad.

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Sigue explorando Fife

Con estas propuestas cerramos la guía de Dunfermline, aunque no sin antes animarte a que sigas descubriendo la maravillosa región de Fife, una de nuestras favoritas en Escocia.

Muy cerca encontrarás lugares como la encantadora St Andrews, el idílico pueblecito de Culross o el pueblo de Falkland y su palacio.

Otra opción es recorrer los pintorescos pueblos de pescadores del East Neuk. Ya ves que Fife está repleta de rincones sorprendentes y cercanos a Edimburgo, por lo que puedes combinarlos y organizar una excursión de un día desde la capital.

Visitar Culross pueblo mas bonito de Escocia

El pueblecito de Culross

Si ya has visitado Dunfermline, ¿qué te parecieron la ciudad y su abadía? ¡Cuéntanos tu experiencia en los comentarios!

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