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A unos 30 km al norte de Edimburgo, en el corazón del Reino de Fife, encontramos Dunfermline, una ciudad que en el pasado desempeñó un papel esencial en la historia escocesa. Las ruinas de su abadía medieval albergan un mausoleo de reyes y reinas de Escocia; entre las viejas murallas reposa el cuerpo, aunque sin corazón, de uno de los personajes clave del país, Robert the Bruce; el parque de Pittencrieff, legado del magnate Andrew Carnagie, permite paseos mágicos entre los bosques; y en las calles de Dunfermline sobreviven edificios centenarios que ocultan, entre sus paredes, los episodios que forjaron la historia de una ciudad que, en algún momento, fue cuna de monarcas y capital de Escocia.

Te propongo una excursión de un día por Dunfermline, una ciudad pequeña, ideal para explorarla caminando (como su vecina St Andrews), y de fácil acceso en coche o en transporte público desde Edimburgo, cruzando los puentes del Firth of Forth; o durante un viaje hacia las Highlands. ¡Emprendemos un viaje por la historia de Escocia!

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La Abadía de Dunfermline: historia y monumentos

El corazón de Dunfermline reside en su abadía, situada en el oeste de la ciudad. Los cimientos de la Dunfermline Abbey se remontan a 1128, cuando el monarca David I elevó a la categoría de abadía el pequeño monasterio benedictino que su madre, Santa Margarita de Escocia, había fundado en 1070 en el enclave donde ella y el rey Malcom III se casaron, y alrededor del cual había crecido la ciudad de Dunfermline, convirtiéndose en la nueva capital del reino de Escocia. Para ello, David I encargó la construcción de una iglesia.

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La iglesia era el centro del recinto monástico, que estaba rodeado por una muralla de piedra que aseguraba la reclusión total de los monjes y defendía la abadía de cualquier ataque. Aunque sólo pequeñas partes de la muralla y de la nave de la iglesia han perdurado hasta nuestros días, esta última es una pieza arquitectónica espectacular, y uno de los ejemplos más representativos del estilo románico en Escocia. Está abierta al público y puedes visitarla gratuitamente.

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Damos un salto en el tiempo y nos trasladamos a finales del siglo XVI, tras la reforma protestante. El rey Jacobo VI construyó, junto al antiguo claustro, un palacio real para vivir junto a su esposa, la reina Ana de Dinamarca. En 1600, su hijo, el rey Carlos I, nació en el palacio de Dunfermline, convirtiéndose en el último rey nacido en Escocia. Tres años más tarde, en 1603, el monarca Jacobo VI fue proclamado rey de Inglaterra en lo que se conoce como The Union of Crowns (la unión de las coronas), y la familia real dejó la Abadía de Dunfermline, condenándola a un progresivo abandono.

Pocos vestigios de aquel esplendor han perdurado hasta nuestros días, en parte debido a un terrible incendio que arrasó la ciudad en 1624, pero en el recinto de la abadía puedes ver, todavía, las ruinas del complejo monástico y palaciego. Junto a la nave se alza, además, una iglesia construida en el siglo XIX en la que se ofician misas y bodas y que alberga un mausoleo donde descansan algunos de los grandes reyes de Escocia, como Santa Margarita, David I y, uno de los más emblemáticos, Robert the Bruce, enterrado en una lápida sepulcral de cobre.

¿Quién fue Robert the Bruce?

Robert the Bruce, o Roberto I de Escocia (1274 – 1329), es uno de los héroes más queridos de Escocia, y uno de los personajes más relevantes de su historia. Su papel en defensa de la libertad del pueblo escocés se remonta a la primera Guerra de la Independencia de Escocia, que comenzó en 1296 con la invasión inglesa por parte de las tropas del rey Eduardo I de Inglaterra.

Tras años de batallas, revueltas y negociaciones a manos de personajes históricos como William Wallace y Andrew de Moray, que lucharon por la independencia, parecía que Escocia había caído, finalmente, en manos inglesas. La situación empeoró tras la captura y la ejecución de William Wallace en 1305, pero Robert the Bruce, que durante un tiempo se había mantenido aparentemente favorable y dispuesto a negociar con el rey Eduardo I de Inglaterra, se levantó finalmente en su contra y comenzó una nueva campaña, coronándose rey de los escoceses en la Abadía de Scone al año siguiente. Tras una derrota, una breve huida y unos años de relativa paz, en especial después de que el rey Eduardo I de Inglaterra muriera en 1307, Bruce emprendió de nuevo las batallas y consiguió victorias esenciales,  como la de la Batalla de Bannockburn, en 1314.

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A pesar de que los escoceses habían retomado en gran parte el control de su territorio, el sucesor del rey inglés, Eduardo II formalmente, se resistía a reconocer la independencia de Escocia, así que, en 1320, los condes y nobles escoceses decidieron escribir una carta al Papa Juan XXII proclamando Escocia estado independiente y soberano. Se conoce como la Declaración de Arbroath y se dice que sirvió de influencia, décadas más tarde, para redactar la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. En el Museo Nacional de Escocia puedes leer la traducción de uno de sus párrafos más famosos:

«As long as but a hundred of us remain alive, never will we on any conditions be brought under English rule. It is in truth not for glory, nor riches, nor honours that we are fighting, but for freedom – for that alone, which no honest man gives up but with life itself.»
«Mientras cien de nosotros sobrevivamos, jamás nos someterán al dominio inglés. En realidad, no luchamos por la gloria, ni por las riquezas, ni por el honor; luchamos por la libertad, tan solo por ella, a la que que ningún hombre honesto renuncia si no es junto con su propia vida».

La atención del Papa y el asesinato de Eduardo II propiciaron que, en 1328, el rey Eduardo III accediera a firmar un tratado mediante el cual reconocía la independencia de Escocia, y a Robert the Bruce como a su rey.

(Nota: este es un resumen brevísimo y he omitido varios hechos históricos, pero, si te gusta el tema, en internet encontrarás muchísima información sobre ambas Guerras de Independencia).

El lugar de descanso de Bruce… pero no de su corazón

Como monarca, el rey Robert the Bruce se ocupó, cuando la Abadía de Dunfermline fue parcialmente destruida por las tropas inglesas, de la reconstrucción, que incluyó nuevos edificios, como un enorme refectorio para los monjes. Como homenaje a uno de los personajes más respetados de Escocia, tras su muerte en 1329 Bruce fue enterrado en el altar de la iglesia de la abadía, aunque cuenta la historia que su corazón fue embalsamado y llevado, por expreso deseo, hasta la Tierra Santa.

Existen muchas leyendas en torno al viaje y a las peripecias a las que se enfrentaron los portadores del corazón, que según algunos acabaron en España, pero todas coinciden en algo: se mandó de vuelta a Escocia y hoy en día reposa en la abadía de Melrose, en los Borders.

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Paseando por el parque de Pittencrieff

El ciudadano más célebre de Dunfermline es el magnate Andrew Carnagie. Siendo niño, a mediados del siglo XIX, emigró con sus padres a Estados Unidos, donde escaló rápidamente gracias a la industria del acero y amasó una de las mayores fortunas de todos los tiempos. Parte del dinero lo destinó a la filantropía y a la educación, fundando centros educativos, bibliotecas y universidades.

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No se olvidó de Dunfermline, su ciudad natal, a la cual obsequió con una biblioteca, unos baños públicos, un teatro y, lo más significativo, el Pittencrieff Park, un parque de 3 km2 que se extiende junto a la abadía en la parte occidental de la localidad. El parque de Pittencrieff, conocido por los lugareños como The Glen, está repleto de tramos arbolados, pequeños puentes de piedra que cruzan el riachuelo Tower Burn, senderos, jardines y zonas abiertas. Yo lo visité en invierno, cuando estaba helado, y caminar por los bosques era casi como adentrarte en un cuento, dominado por el silencio y por un paisaje frondoso y dormido. Además, ¡nunca había visto a tantas ardillas juntas!

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La ciudad ha destinado dinero y esfuerzos en cuidar del parque para que todos los vecinos puedan hacer uso de él, y pasear entre la naturaleza en Pittencrieff es, sin duda, una de las experiencias más agradables de Dunfermline. Allí puedes acercarte a las ruinas de la torre de Malcon Canmore, construida alrededor de 1070; o visitar el Pittencrieff House Museum, un museo gratuito de arqueología e historia natural alojado en un edificio de 1635. Si visitas el parque a finales de agosto, no te pierdas The Bruce Festival, un festival que allí se celebra en honor al rey Robert the Bruce con una feria medieval, batallas y actuaciones artísticas.

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Otros lugares que visitar en Dunfermline

El pasado de Dunfermline, antaño núcleo de grandeza y capital de Escocia, bulle en cada rincón de la ciudad. Si te apetece explorar la historia más allá de la abadía puedes comenzar por The Abbot House, la casa más antigua de Dunfermline, que durante siglos fue testigo de los cambios que se producían en el reino de Fife y en Escocia y ejerció distintas funciones. The Abbot House alberga un museo muy interesante y una buena cafetería para sentarte a recargar energías. La reconocerás por encontrarse junto a los terrenos de la abadía y por su color rosado.

Para completar un día en Dunfermline, también puedes visitar gratuitamente el museo a Andrew Carnagie, que la ciudad dedica a uno de sus hijos predilectos en su lugar de nacimiento en una humilde casa de tejedores; o adentrarte en la cueva de Santa Margarita, un rincón anclado en el tiempo al que la reina acudía a rezar siglos y siglos atrás.

Si te sobra tiempo, puedes terminar la jornada en el Kingsgate Shopping Centre, un enorme centro comercial situado en una de las calles principales de la ciudad. Así lo hicimos nosotros, que, con una deliciosa cena de tortitas, dijimos adiós a una ciudad fascinante que, además, supone un punto de partida ideal para explorar el increíble Reino de Fife.

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Hostelbookers escogió este artículo como uno de los 5 mejores del mes de junio en la blogosfera en español. Podéis leer los demás aquí.

Información para visitar Dunfermline

La Abadía

  • Página web | Entradas: £4.50 / £3.60. La iglesia puede visitarse gratis.
  • Apertura: durante todo el año, aunque cierra algunos días; consúltalo en la web. La iglesia solo abre en verano.
  • Accesibilidad: Aunque la mayor parte de la abadía es accesible a usuarios en sillas de ruedas, las ruinas del palacio no lo son, ya que están distribuidas en distintos niveles.

Dunfermline

  • Visit Dunfermline, página oficial de turismo.
  • Con Global Treasure Apps puedes descargar guías gratuitas que te llevarán a una divertida gimcana por la abadía y el parque de Pittencrieff, entre otros lugares históricos.

Cómo llegar a Dunfermline desde Edimburgo: puedes llegar a Dunfermline en autobús o en tren. La estación de autobuses se encuentra en el norte de la ciudad, cercana al centro. Hay dos estaciones de tren, Dunfermline Town y Dunfermline Queen Margaret, aunque la más cercana al centro, a unos diez minutos andando, es la primera. El trayecto desde Edimburgo es de aproximadamente 25 minutos.

Este artículo forma parte de nuestras Guías de Escocia.