Las ciudades mudan la piel dependiendo de quién las mire, y, por lo tanto, dos viajes nunca son iguales. Recorremos las calles y la ciudad muta a nuestro paso, ajustando la luz, alterando la silueta, descubriéndonos rincones que nos acompañarán aun cuando cambiemos de escenario y olvidando otros que tal vez no alcancemos a recordar. Hoy te propongo un paseo por el Edimburgo de los lectores de la web; un Edimburgo cambiante; bajo el sol y la lluvia; teñido de verde y de gris; con instantes esparcidos a lo largo de los años que bien podrían encajar en un solo día. ¡Gracias por haber compartido tus fotos y por enseñarnos Edimburgo desde otra mirada!

Si quieres compartir tus fotos de Edimburgo o de Escocia con nosotros, envíalas a angie arroba masedimburgo.com. Con ellas construimos estos álbumes de Facebook: ‘Edimburgo y Escocia: vuestras fotos (I)‘ y ‘Edimburgo y Escocia: vuestras fotos (II)’.

Good morning, Edinburgh. La mañana comienza en la encantadora aldea de Dean Village, a orillas del río Water of Leith en el noroeste de Edimburgo. En el pasado, en Dean Village llegaron a funcionar hasta once molinos de agua, cuyos restos perduran junto a las acogedoras casitas de piedra. Aunque se encuentra tan solo a diez minutos andando del centro, la aldea, con los tranquilos patios de vecinos, es un remanso de paz aislado del resto de la ciudad y rodeado de naturaleza.

El río Water of Leith en Dean’s Village. Foto: Chema Traveler

Casitas a la orilla del río en Dean’s Village. Foto: Chema Traveler

Un patio de vecinos en Dean’s Village. Foto: Petite Silvie

Nos desviamos del río y nos adentramos en la ciudad para visitar Charlotte Square, una plaza diseñada en 1791 en el extremo oeste de la New Town, y contemplar sus majestuosas casas. En el número 6 se encuentra Bute House, la residencia oficial del Primer Ministro escocés, y en el número 7 puede visitarse The Georgian House, una residencia que permite sumergirse en la elegante vida en la New Town en el siglo XVIII. Los jardines de la plaza son privados, pero en agosto se convierten en la sede del Edinburgh International Book Festival.

Casas georgianas en Charlotte Square. Foto: Rodolfo Muñoz

Seguimos paseando por la New Town y llegamos a Princes Street, la principal vía comercial de Edimburgo. Los jardines de Princes Street son uno de los puntos de recreo más populares de la ciudad. En invierno, aquí se instalan la colorida feria navideña y una pista de hielo para patinar. Los jardines se proyectaron tras la creación de la New Town entre los siglos XVIII y XIX y ocupan el lecho del antiguo Nor Loch, un lago que se drenó en 1759 después de años de recibir los vertidos residuales de la Old Town.

Paseamos por los jardines para contemplar el reloj floral más antiguo del mundo, que cada primavera se replanta conmemorando un evento o aniversario distinto. Un poco más adelante encontramos el Scott Monument, el monumento dedicado al célebre escritor escocés. Los más osados podrán entrar a la imponente torre y subir los 287 peldaños de la escalera de caracol, que permite acceder a los distintos niveles hasta alcanzar la cúspide.

Princes Street, los jardines y las National Galleries en The Mound. Foto: Gonzalo Molina

El reloj floral de Princes Street Gardens. Foto: Chema Traveler

Los jardines de Princes Street. Foto: Edu y Sarai - http://www.edw.com.es

Los jardines de Princes Street. Foto: Edu y Sarai

El imponente monumento a Walter Scott en Princes Street. Foto: Gonzalo Molina

Al final de Princes Street, Leith Street conecta el centro con el barrio de Leith, que se extiende hacia el mar. Durante muchos años, Leith fue una ciudad industrial y portuaria, hasta que en 1920 se unió a Edimburgo. Después de décadas de decadencia, en los últimos años Leith ha renacido de sus cenizas y Leith Walk, su calle principal, se ha llenado de cafeterías y pequeños comercios y proyectos que le otorgan un ambiente animado y único. En The Shore, junto al mar, se encuentran algunos de los mejores restaurantes de Edimburgo.

Leith Walk, la calle principal del barrio de Leith. Foto: Itziar Gonzalez

Aprovechamos que la mañana es buena para subir hasta Calton Hill, una colina situada en el extremo oriental de Princes Street. Allí, además de visitar su estrafalaria colección de monumentos, como el National Monument, una construcción inacabada que imita al Partenón, disfrutaremos de una de las vistas más clásicas de Edimburgo.

El Monumento Nacional en la cima de Calton Hill. Foto: Carlos Ruiz Carmona

El monumento al filósofo Dugald Stewart y la ciudad detrás, en Calton Hill. Foto: Chema Traveler

A los pies de Calton Hill se abre el gigantesco parque de Holyrood, un área ideal para pasear, explorar sus tranquilos lagos, como el Duddingston Loch, y trepar hasta las cimas de Arthur’s Seat y los Salisbury Crags, desde donde gozaremos de unas vistas únicas de la ciudad. Aquí también se encuentran el Parlamento escocés y el palacio de Holyrood, la residencia oficial de la reina en Escocia.

El parque y el palacio de Holyrood y Calton Hill detrás. Foto: Edu y Sarai

La ciudad desde los Salisbury Crags. Foto: Petite Silvie

La histórica Royal Mile parte de Holyrood y se extiende hasta el Castillo, pero nosotros nos desviamos un poco para atravesar Cowgate, una zona repleta de pubs y clubes que reúnen gran parte del ambiente nocturno de la ciudad.

Un grafiti en Cowgate. Foto: Itziar Gonzalez

Y, ahora sí, alcanzamos la vía central de la Old Town, la Royal Mile, un reclamo por sus estrechos y hechizantes callejones; por sus museos, monumentos e iglesias, como la catedral de St Giles; por los artistas callejeros y los puestos de artesanía; por los restaurantes y cafeterías y, sobre todo, por el Castillo de Edimburgo, situado en el extremo superior de la calle. A pesar de que durante el año recibe multitud de visitantes, en agosto, con la llegada del Festival, la Royal Mile se transforma en un escenario caótico y rebosante de artistas, conciertos, actuaciones y espectadores.

Artistas callejeros en la Royal Mile durante el festival. Foto: Alfonso Javier Matías – Robin Jú

La catedral de St Giles, en la Royal Mile. Foto: Edu i Sarai

Un espectáculo callejero durante el Festival. Foto: Itziar Gonzalez

Artistas callejeros en la Royal Mile. Foto: Alfonso Javier Matías – Robin Jú

Desde la Royal Mile tomamos George IV Bridge para recorrer una de las calles más singulares de la Old Town, Victoria Street. Victoria Street está dividida en dos partes: una calle donde las fachadas de colores de los edificios se alinean formando una estampa encantadora y una segunda calle alzada, que discurre paralela a la principal pero en una cota alzada. Aquí descubriremos un gran número de comercios tradicionales: podremos rebuscar entre los libros en The Old Town Bookshop, comprar adornos navideños de estilo escocés en The Christmas Shop, probar los quesos artesanos de I.J. Mellis o saborear el cerdo asado del popular restaurante Oink.

Tiendas de colores en Victoria Street. Foto: Itziar Gonzalez

El escaparate del restaurante Oink, en Victoria Street. Foto: María José Oliván

Victoria Street desemboca en la zona de Grassmarket (‘El mercado de la hierba’), que, desde 1477 hasta 1911,  acogió un mercado de ganado muy frecuentado, y sirvió también como escenario de ejecución pública. Hasta 1784, fueron muchos los presos que murieron ahorcados por hurto, por motivos religiosos o por acusaciones de brujería. Cuenta la historia que una mujer, Maggie Dickinson, se despertó en el ataúd después de pasar por la horca y sobrevivió gracias a que, según la ley, ya había cumplido su condena. Hoy en día, un pub con su nombre la recuerda y Grassmarket se ha convertido en una de las zonas de ocio de la ciudad.

Una cabina de teléfono en Grassmarket. Foto: Roser

Tras una larga caminata por las calles de Edimburgo, nos tomamos un descanso bien merecido y nos acercamos hasta The Elephant House, en George IV Bridge. Esta peculiar cafetería es mundialmente conocida porque la autora de Harry Potter, J.K. Rowling, escribió muchas tardes en una mesa junto a la ventana, cuyas espléndidas vistas sobre el Castillo y el cementerio de Greyfriars se cuenta que le sirvieron de inspiración para construir la historia del mago. Aquí podremos relajarnos con uno de sus deliciosos brownies y con una taza humeante de té o café.

Un café y un brownie en The Elephant House. Foto: Carlos Ruiz Carmona

A la salida de la cafetería nos espera la estatua del perro más querido de Edimburgo, Bobby, protagonista de un emotivo episodio. Bobby fue el mejor amigo del policía John Gray hasta que éste murió en 1858, y cuenta la historia que el perrito, después de que Gray fuese enterrado en el cementerio de Greyfriars, se instaló junto a la tumba de su amo y la veló fielmente durante 14 años, hasta su propia muerte, abandonando el cementerio sólo para alimentarse. Hoy en día, Bobby es recordado por los edimburgueses y se le han dedicado libros y películas. Sus restos descansan en el cementerio de Greyfriars, un lugar muy agradable que, a pesar de ser frecuentado por grupos de turistas y visitas guiadas, siempre invita a dar un paseo gracias a la placidez que allí se respira.

La estatua de Bobby frente al cementerio de Greyfriars. Foto: Itziar Gonzalez

El cementerio de Greyfriars. Foto: Olga Vert

Después de una jornada ajetreada, nada mejor que uno de los múltiples parques que saplican la ciudad para descansar y caminar poquito a poco hacia casa. Nos dirigimos hacia el sur de la ciudad y pronto alcanzamos las praderas de Bruntsfield Links, situado junto a los Meadows. Atardece entre los árboles y la oscuridad y el frío comienzan a instalarse sobre los tejados de la ciudad. Así termina un día más en Edimburgo, un día tejido a partir de muchos días distintos en el que nos hemos empapado de cada rincón, de cada historia, y hemos descubierto la ciudad desde otra mirada. Good night, Edinburgh…

El sol se pone tras el parque Bruntsfield Links. Foto: Petite Silvie

Anochece en el parque Bruntsfield Links. Foto: Petite Silvie

 

Icons made by Google, Freepik, Smashicons and Ryan Thomas Noll.