Calton Hill Edimburgo

Un mirador de postal en el centro de Edimburgo

En el extremo oriental de Princes Street se alza la colina de Calton Hill, escenario inconfundible de la mayoría de instantáneas de Edimburgo, que capturan, desde sus senderos ondulantes, las ordenadas calles de la New Town distribuyéndose hacia el Castillo a la luz del día o del cielo arrebolado del atardecer.  Aunque no se trata de la colina más alta de la ciudad, la estrambótica colección de monumentos neoclásicos de inspiración griega de Calton Hill, que siembran las laderas de formas grandilocuentes, puede vislumbrarse desde gran parte de Edimburgo.

Con el paso del tiempo, la capital ha adoptado este peculiar despliegue de edificios como un paisaje entrañable, y cientos de turistas suben todos los días a Calton Hill para disfrutar de una de las mejores vistas de Edimburgo.

Una mirada panorámica a Edimburgo

Cuando emprendes la cuesta hacia Calton Hill, la ciudad va quedando poquito a poco a tus pies, desplegándose como una maqueta de tejados y vías en la que pueden distinguirse desde el trajín del centro hasta los caminantes subiendo a Arthur’s Seat, diminutos en la lejanía. Pasear por los senderos que circundan la cima permite familiarizarse con la ciudad y comprender su estructura: al oeste, la arteria comercial de Edimburgo, Princes Street; el reloj del Hotel Balmoral; el Castillo tras los jardines y Leith Street iniciando el descenso hacia el mar.

Al sur, el cementerio de Calton y la parte inferior de la Royal Mile, Canongate, abriéndose paso hasta el Parlamento; el palacio y el parque de Holyrood; la estructura en forma de armadillo de Our Dynamic Earth; y, al fondo, Arthur’s Seat y los Salisbury Crags.

Al este, los jardines Regent Gardens; el mar que baña la playa de Portobello y, en la distancia, el pueblo de North Berwick; y finalmente, al norte, los tejados de Leith; la zona portuaria y el estuario de Forth, con las islas de Inchkeith e Inchcolm y la costa de Fife brillando al otro lado si el día está despejado. La esencia de Edimburgo, lo viejo y lo nuevo, lo clásico y lo moderno, condensados en una mirada panorámica desde Calton Hill.

Los monumentos de Calton Hill

Los monumentos que se concentran en la cima de la colina, por su parte, se han convertido también en una vista emblemática. Proyectados en su mayoría por el célebre arquitecto William Henry Playfair, el más conocido es el desconcertante National Monument, una ambiciosa construcción que se inició en 1826 para conmemorar a los soldados escoceses muertos en las Guerras Napoleónicas. Se pretendía que el monumento fuese una réplica del Partenón de Atenas, que incluiría un templo y sus propias catacumbas, y así comenzaron a erguirse las columnas clásicas.

En 1829, los fondos destinados al proyecto se agotaron y la construcción se paralizó, dejando en la cima doce columnas que pronto se ganaron el apodo de «la desgracia de Edimburgo». Hoy en día, sin embargo, se han transformado en un símbolo de la ciudad y son muchos los que suben los colosales escalones de piedra para sentarse en la fachada inacabada, que perpetúa el apodo de «Atenas del norte» que Edimburgo se ganó durante la Ilustración.

Muy cerca del National Monument se encuentra el Nelson Monument, una torre en forma de telescopio alzada en honor al vicealmirante Nelson para conmemorar la victoria en la batalla de Trafalgar. Hoy en día, el interior se ha reconvertido en un pequeño museo que repasa su vida, y también pueden subirse los 143 escalones que conducen hasta la terraza, donde Calton Hill puede contemplarse desde arriba.

Lo más curioso de la torre es la bola del tiempo emplazada en la parte superior, que cae todos los días entre semana a las 12, a la 1 en el horario de verano. Se instaló en 1852 para que, desde el puerto, los marineros presenciaran la caída y ajustaran los cronómetros. En los días de niebla, sin embargo, la visibilidad era escasa, así que años más tarde, en 1861, se inició la costumbre de disparar un cañonazo desde el Castillo a la 1 del mediodía, el «One o’clock gun», que perdura todavía.

La mítica construcción que aparece en primer plano en la mayoría de fotografías es el monumento al filósofo escocés Dugald Stewart, que se modeló en 1831 a partir del monumento de La linterna de Lisícrates, en Atenas. El recinto amurallado que se halla en el otro extremo de la cima acoge los edificios y cúpulas que sirvieron en tiempos pasados como punto de observación astronómica, especialmente con el propósito de medir el tiempo. El observatorio de la ciudad se emplazó aquí hasta su traslado a Blackford Hill en 1896 debido a la contaminación lumínica del centro de Edimburgo.

Al pie de la colina por la parte sur, cerca de la entrada de Regent Road, se encuentra el cementerio de Calton, donde, además de macabras leyendas (aquí encontrarás algunas), descansan personalidades como el filósofo David Hume, que siempre defendió Calton Hill como un lugar tranquilo en el que pasear y cuenta hoy en día con su propio sendero en la colina, el «Hume Walk». Hacia el este, la sede del gobierno escocés, Saint Andrew’s House, se alza sobre los restos de la antigua cárcel de Calton.

Algunas celebraciones… y desconexión

Estas son sólo algunas de las construcciones que se perfilan en Calton Hill, que durante el año se convierte, en conjunto, en el escenario de múltiples actividades: el público acude en masa a sus pendientes para ver el concierto de fuegos artificiales que cierra el Festival de Edimburgo, y participa también en la mágica Torchlight Procession como parte de los actos del Hogmanay (el fin de año escocés) y en el Belante Fire Festival, que marca el inicio del verano según la cultura celta.

En primavera y en verano, la colina se cubre de un manto de aulagas que la tapizan de amarillo y la convierten en un lugar ideal para tumbarse o sentarse a leer en un día cálido. En otoño y en invierno, desde la cima, soportando a menudo los envites del viento, puedes presenciar atardeceres bellísimos y contemplar, al anochecer, algún zorro furtivo entre las matas y las primeras luces desparramándose por el entramado de la ciudad.

Y, en cualquier momento del año, en menos de diez minutos puedes escapar del ritmo apresurado del centro y tomar el camino o las escaleras que conducen a Calton Hill, desde donde la ciudad se abre, pequeña y tranquila, en unas vistas que seguro que no olvidarás.

Calton Hill Edimburgo 2

Cómo subir a Calton Hill

Desde Princes Street, puedes acceder por unas escaleras en Regent Road en unos 5 ó 10 minutos; desde el norte, puedes acceder por un camino que parte de la calle Royal Terrace. El ascenso puede resultar un poco cansado, pero es corto y sencillo. Para consultar qué líneas de autobús tienen parada cerca, visita la web de Lothian Buses

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