Me gusta fijarme, paseando por la Old Town, en los letreros fantasma que aquí y allá publicitan negocios que ya no existen; trazos firmes y elegantes que alguien pintó un día y hoy se desvanecen, tenues y desportillados, en la piedra. Forman parte de la historia callada de Edimburgo, de un retazo del pasado que, aunque no esté documentado, evidencia el paso de otras personas, de otras épocas, por las calles de la ciudad.

Anuncian deshollinadores, sombreros de fieltro, doctores y carpinteros, bastones, piezas de porcelana y joyas, cestas de mimbre. La mayoría se pintaron a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX, antes de que la publicidad diese el salto definitivo a otros formatos producidos en masa, y eran obras de artesanía similares a los productos que pretendían vender.

Hoy, el rastro de aquellos negocios perdura en el entramado de la Old Town; si te fijas, lo encontrarás en edificios y portales, conviviendo a diario con el barullo de la capital, con otros proyectos que vienen y van.

Para descubrir letreros de otras localidades, visita la página de Ghost Signs, un proyecto que recopila y documenta los letreros fantasma que pueden verse en las ciudades del Reino Unido e Irlanda.